
Paso la mayor parte del día con un agujero negro en el estómago, como si poco a poco fuera devorándome desde adentro mis propias entrañas y generando esa sensación de vacío inagotable; que solo provoca nauseas cuando ya no hay nada que vomitar.
Regurgito grafemas de color azul, fonemas sepias agotados de tanto increpar olvidando que fueron condenados a nacer sin cuerdas vocales. Vomito una y otra vez mis silencios bajo el agua clara de la pecera que vive en la cocina y después ahogo las mismas palabras bajo la ducha cada mañana. Es que no tengo nada para decir, todo lo que puede ser dicho debe ser callado primero.
No tiene sentido nombrar lo que no tiene nombre, no tiene sentido desnudarse ante los ojos ciegos de la ignorancia que recubre otras pieles.
Y así, navego entre un mundo de sinsentidos teñidos de comprensiones absurdas y parásitas confesiones que no me pertenecen. Siempre hay que escuchar primero y yo termino escuchándolos a todos. Siempre hay que escuchar primero y yo ya me he escuchado lo suficiente. Si bien debo confesar que algunas veces me tienta sumergirme en los laberintos de mi inconsciencia, bucear y desmenuzar una a una las caras de ese pasado que aun olvidado me persigue, las configuraciones de este presente que habito. Me tienta, no puedo negarlo, enfrentarme a todos mis miedos en ese paraíso sin tiempo ni leyes, donde solo existe la palabra impresa de una imagen superpuesta en mil partículas de ausencias extremas.
Aun no me decido, a veces coqueteo con los elixires que son dueños de las llaves de todas las puertas, los miro a los ojos, tanteo las formas que tienen los candados que albergan todos mis secretos, desmenuzo las preguntas que quisiera formularme, llevo el vaso de veneno hasta la punta de mis labios y retrocedo. Me aterra enfrentarme a todo aquello cuya mínima fracción conozco y me destroza, me aterra aunque a veces siento que es la única forma de comenzar a tapar el agujero negro que me está comiendo.
Regurgito grafemas de color azul, fonemas sepias agotados de tanto increpar olvidando que fueron condenados a nacer sin cuerdas vocales. Vomito una y otra vez mis silencios bajo el agua clara de la pecera que vive en la cocina y después ahogo las mismas palabras bajo la ducha cada mañana. Es que no tengo nada para decir, todo lo que puede ser dicho debe ser callado primero.
No tiene sentido nombrar lo que no tiene nombre, no tiene sentido desnudarse ante los ojos ciegos de la ignorancia que recubre otras pieles.
Y así, navego entre un mundo de sinsentidos teñidos de comprensiones absurdas y parásitas confesiones que no me pertenecen. Siempre hay que escuchar primero y yo termino escuchándolos a todos. Siempre hay que escuchar primero y yo ya me he escuchado lo suficiente. Si bien debo confesar que algunas veces me tienta sumergirme en los laberintos de mi inconsciencia, bucear y desmenuzar una a una las caras de ese pasado que aun olvidado me persigue, las configuraciones de este presente que habito. Me tienta, no puedo negarlo, enfrentarme a todos mis miedos en ese paraíso sin tiempo ni leyes, donde solo existe la palabra impresa de una imagen superpuesta en mil partículas de ausencias extremas.
Aun no me decido, a veces coqueteo con los elixires que son dueños de las llaves de todas las puertas, los miro a los ojos, tanteo las formas que tienen los candados que albergan todos mis secretos, desmenuzo las preguntas que quisiera formularme, llevo el vaso de veneno hasta la punta de mis labios y retrocedo. Me aterra enfrentarme a todo aquello cuya mínima fracción conozco y me destroza, me aterra aunque a veces siento que es la única forma de comenzar a tapar el agujero negro que me está comiendo.
Entonces me decido,
preparo un banquete digno de tal salto a mis abismos.
Le acaricio el cuello a todas mis Dudas,
acomodo sus cabellos y las dejo reposar en mi regazo.
La cena está servida...
ellas sonríen, no saben que están a punto de ser decapitadas.
Voy a comerme una a una mis verdades,
aunque me quede sin piel.
{ Foto: Cortesía de Helmut Newton }
1 comentario:
Realmente... un placer leerte... es falcil identificarse con las emociones, los sentimientos, las sensaciones...
Pocos logran hacer sentir por medio de las palabras...
Aleli
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