Anoche me miré por dentro, a través del lente de una cámara que no me pertenecía. Miré, despojada de todo sentimiento, como succionaban mis ligamentos rotos y pensé entonces en el momento en que comencé a perder el sostén de mis piernas. Aspiraban poco a poco las partículas que flotaban en mí. Era yo misma, estaban aspirándome a mí, pero toda esa carne suelta ya no me pertenecía, ya ni sangraba. No puedo ofrecer pruebas al respecto, pero estoy segura que no tenía vida. Y de no estar atrapada dentro de mí, toda esa carne suelta tendría olor a rancio y a despojo. Pensé entonces, que tal vez eso sucede con las viejas heridas que no anclan en ningún recoveco del cuerpo y se supone que están inscriptas en esa masa informe e incolora que llamamos alma. Flotan… ya sin sangrar, sin latir. Flotan. No nos constituyen pero les permitimos seguir habitándonos; tal vez porque en alguna medida han fundando lo que somos, o tal vez porque ignoramos que en realidad son responsables de lo que no somos. De aquello que callamos y matamos cada día bajo la ducha, de aquello que fue impuesto en el lienzo de nuestra piel por las manos impías de otros pintores que ya no habitan este mundo pero de los que no podemos despojarnos a gusto. Por las manos hipócritas de quienes habitaron ese tiempo que para otros se llamó infancia.
Entonces me pregunto si al mirar la cara de todos los verdugos que me habitan podré extirparlos, y así, despojada de todo, despojarme de ellos… vuelvo a aterrarme de contemplar completas aquellas miradas de las que conozco solo una fracción de mueca y me destroza. Aquellas que decapité ayer y que caminan ahora sin cabeza por los recodos de mi mente. Comprendo que no hay camino que me saque de aquí y entonces siento de nuevo el agujero negro en mi estómago. Continuo devorándome sin sentido; para no repartir las culpas que no me pertenecen, me callo. Para no causar dolor a los que prefirieron ignorar aquellos tiempos, silencio el mío y trato de dormirme en pleno día.
Me levanto, voy a prepararme un café, he de pensarlo mejor…
{Aquello que escribí ayer, ya no sirve para hablar de mí hoy...}
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