domingo, 21 de junio de 2009

El Ritual

El ritual de desnudarme cada mañana sobre una hoja en blanco para bañarme de mí me reclamaba a gritos desde la circunvolución donde habitan mis necesidades más básicas. Decidí entonces, que era tiempo de escuchar.me y enfrentarme a la premura del silencio.
Amanezco. Me siento frente al espejo. Y compruebo que mis falanges no han olvidado el camino. Uno a uno desabrocho los botones de la comisura de mis labios, me acaricio el cuello, sostengo firmemente mi clavícula izquierda. Déspotas, las cosas que no quiero decirme, ni decirle a nadie, se arrinconan. Se esconden pero empujan despiadadas por salir -buscando el camino entre mis poros- obstinadas por desangrarme. Así de contradictorias son las palabras que trepan por mi lóbulo temporal y murmuran en mi oído. Susurran a los hallazgos de Wernicke todo aquello que no quieren que escuche pero que estoy destinada a saber.
Me río. De ellas. De mí. De todas.
Vomito. Yo y todas las que me habitan. Se besan. Se hablan. Copulan.
Soy un manojo de verdades destinadas a callarse.
Un manojo de voces que se fragmentan. La que fui. La que soy. La niña. La mujer. La que calla. La que grita. La que sufre. La que ríe. La que mira. La que toma. La que no pide. La que exige. La otra. Aquella. La misma boca y mil razones nuevas.
Soy un puñado de verdades que gritan y se aferran al tímpano ciego de mi cordura. Toneladas de rincones oscuros, noches de asfixia, espasmos que no me pertenecen. Vuelvo a reír. Mirarme me provoca una euforia vertiginosa, sensación que lucha para aniquilar el dolor de las presencias que no me pertenecen.
Y los deseos que son míos, innegablemente míos. Tan propios como los genes que delimitan el contorno de mi dedo meñique. De ellos no me quejo, no reniego. Los alimento cada tarde con la carne de mi espalda.
Y después los susurro en otros oídos. Unos que no me pertenecen. Unos que están más allá de todas mis falanges. Los suyos, los pequeños.
Soy este sinsentido de felicidad desbordante y dolor que aniquila. Esta suma de partes que no es más que mil mujeres y tan solo dos bocas. La que habla. La que calla.
Salto. Sumerjo.me de nuevo en mis abismos.
En todos, en cada uno.
Estoy decidida a secarlos y volverlos grafema.
Me.amanezco.

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